sábado, 5 de junio de 2010

El Borde De Los Halos

Empolvaba mis pulseras altivas, veinteras
cuando posándose por el oído la música de viñetas
que tiraban negras cárceles de folklore.
Hacia el interior de mi alma vi
y encontré más que orates y yuxtapuestas.
Desconcertado no volví a vengarme de las destrucciones,
aquellas que yo no hice ni oligarqué;
con cuidado, no sea que despertemos pasmados de todo.

Se resbala la patria soledad
enterrada de partes de atrás y de más atrás.
¿Cómo vas tú a perder el dibujado día
si aún no gana la madrugada punzada?
No lo digo, y si lo dije búscame en casa.
Aun hay bruces que salen del viento,
es frío y tétrico el tumbar, y más aun
por generales separaciones brincadas.
No tiemblo, pero hace invierno.
No caben muchas cosas que decir sin cesar
por atrayentes luces desde un pensador.

Voy haciéndome la garganta de piedra
cuando a otros le salen flores silvestres.
Recobraría las cadenas-marías ante la entumecidad
de un niño muerto muertísimo que lloró por los pies.
Frente a este niño no podría proteger nada,
ni columpiar un “Después venidero mujer”,
ahora en que me ahogo entelado no pregunto más…

El sinsabor de lo acabado se ha agotado.


Verano de 1994

Este poema se publicó en un periódico mural en la Universidad de San Marcos alrededor de la fecha señala. Ayer estuve en la exposición en homenaje a César Vallejo en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica. ¿Es coincidencia haber escogido hoy este poema ciertamente vallejiano? ^_^