sábado, 6 de febrero de 2010

Hablador

Sé que has vuelto, hablador,
desde el otro lado de las piedras.
Sueltas de principio a fin
un puñado de palabras oscuras
pues dices que estas son
calles polvorientas de unidad vecinal
donde el único perfume conocido
es el de viejos periódicos dominicales
acumulados bajo nuestras roídas escaleras.

Dices que el sol no perdurará
mucho tiempo sobre nuestras cabezas.
¿A dónde irá? nos preguntamos,
mientras los jardines se vuelven amarillos
como antiguos libros de poesía
publicados entre 1950 y 1990.

Cuando ya parece que se te acaba el papel,
ese donde tienes anotado tu discurso,
sacas de tu flaca billetera otro
y continúas diciendo que la música
es lo único que perdura
pues las aves no viven entre nosotros
como sí lo hacen perros y gatos:
son ellos quienes rayan los discos
y destruyen las cintas de audio
por las noches mientras estamos durmiendo.

Ya está atardeciendo. Para secar tu garganta
te has bebido casi todo el mar.
Ves que Eguren está en Barranco
contemplando el crepúsculo desde el mirador,
y nos dejas de lado para hacerle una entrevista.
Pero eso ya no nos conviene ni verlo ni escucharlo.
En unos meses lo leeremos en alguna revista literaria
de jóvenes escritores universitarios.


28 de marzo del 2001, 4:14 p.m.

Este poema lo escribí pensando en un amigo poeta, tan altanero y arrogante como "el hablador" (por cierto no tiene nada que ver con la revista virtual de literatura del mismo nombre). Por otra parte, la alusión a "sacar textos de las billeteras" lo tomé de una noche en que anduve con la gente del grupo poético Cultivo, ahí por 1994-1995. Recuerdo que alguna vez fuimos al famoso parque de la Urb. Pando, al que ellos bautizaron como El Colchón, e improvisamos un recital poético y los miembros de Cultivo (entre ellos el desaparecido poeta Rodolfo "Rudy" Pacheco) sacaban poemas en descuidados papeles doblados de sus billeteras, imagen que se me quedó grabada en la memoria pues contrastaba con la pulcritud con la que yo cuidaba mis originales. Recuerdo que en aquella ocasión también estuvo mi querido Rodolfo Ybarra. Valga este poema catártico para recordar algo de aquel glorioso pasado noventero... ^_^