Muy a menudo barro las mejillas primeras
Juego con todos los niños enfermos del mundo,
Transito entre sarcófagos y equipajes,
Pero olvido a veces de sufrir en plumas.
Mis manos perdonan a los bulevares
Calmosos y resfriados, para el lado sur
Sus alientos de torres simples ya no corren
A capela.
Veo a las luciérnagas
En bajos y altos desiertos
Temblando de cutáneas mujeres,
Todas ellas dieron sus eternos rostros
A la jugarreta de días faltos.
El silencio quisiera tocarnos nadando
En cuanto domingo se posa
Sobre la punta del bolígrafo encantador
Y su tiempo es telegráfico.
Lobos de papel traen a ancianos buenos,
Ellos esculpen cornetillas
Si el cielo está más azul que celeste
Y los pueblos, a quienes escribo,
Entienden porque hacer centenares de plazas
Aguadas como esta.




