sábado, 7 de noviembre de 2009

VI

Reacción narrativa de la tierra y de la cara,
odisea de gajes sin oficio.
Son cuentos, una nouvelle nueva
que no ha salido de la corteza.
Me violento la espalda a la risa,
a la tarde en que entré en un umbral
roto, después de alzar la melena
y recibir un día de mayo en el cementerio.
Qué triste estar solo.
Solo con un diablillo continental
que me agita, que me pone y me reconstruye
nervio a nervio mis dientes,
mis cartas, mis cartas, mis cartas.
No puedo hacer locura,
estudiar un fósforo,
o ver lo que me da un sistema
de grandes sueños, tomadas praderas,
predios, oh salvación de enfermedades.

Un renglón a otro renglón, diez vidas,
a un amigo he demostrado. Y ahora…
Qué hacer después del sufrimiento embriónico?
Tengo compasión al ponerme el sombrero,
humos para todos y para muchos,
arrullos para el que me impide.
Y ahora…
Habrá un incendio para mí?

1994

Este poema apareció en mi plaquette Guarismos (1994). Espero me disculpen los pocos neologismos usados, habituales en mis escritos de ese tiempo. Al parecer –releyendo el poema− trataba de describir lo que sentía un narrador, tal vez Ernesto Mora (ver aquí y aquí), el único que leía en esa época ^_^